Rio Parana S.A.

Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, Ricardo Morel era un muchachito de la zona de La Numancia, provincia de Buenos Aires.

De un centro escasamente poblado, en torno a la estancia que rememoraba con su nombre a la ciudad antigua de la tribu de los Arévacos, pueblo belicoso de los celtíberos occidentales.

Separado como estaba de Tandil por caminos intransitables, por grandes lomadas que hacían penoso el ascenso y peligrosas las bajadas, pero con un espíritu de servicio a toda prueba, y con un afán poco común - con una clara visión del futuro, además - encaró la compra de una vieja galera, de histórica trayectoria.

Sobrevino la primera etapa de modernismo para la pequeña empresa, cuando Morel echó a pastar sus caballos y montó sobre un Ford modelo T, al que Gregorio Fernández ("Talleres El Brazo"), le adosó una carrocería especial, poniendo en marcha así, la primera galera automóvil de Tandil.

De ahí en más, las cubiertas treinta por tres y medio con cadenas tomaron a su cargo el desafío del camino, animadas por la misma voluntad de siempre de Morel. La galera llevaba y traía a los peones de las estancias, y a toda la gente del pago de La Numancia. También transportaba correspondencia y carga general, que dejaba o retiraba de las tranqueras, donde eran recibidas o enviadas por los vecinos. No existían guías ni boletos, entonces.

Todo estaba librado a la buena voluntad, a la responsabilidad de cada uno. Y la palabra empeñada valía lo mismo o más que un documento. Por eso, morel anotaba en una libreta, y a fin de mes, cobraba. Luego de aquel Ford T modelo 25, cambió otros dos automotores en poco más de un lustro.

En 1937 la empresa se denominaba "El Micro". Hoy, es Río Paraná S.A. y llegó a serlo por la impronta que Ricardo Morel hijo perfiló para llevar a Río Paraná a ser esta gran empresa con modernas unidades, servicios jerarquizados y personal altamente confiable.

Estas características fueron transmitidas a sus herederos como una marca genética indeleble. De allí que los nietos de Ricardo son quienes cargaron con semejante responsabilidad, pero que lo hacen con donaire, estimulados por el ejemplo de sus mayores.

El recuerdo y el legado de los "Ricardos" es tenido en cuenta cotidianamente y puesto como testimonio de la perdurabilidad de los esfuerzos honestos. En esa huella, entonces, están, orgullosos, sus descendientes.

Quedó atrás la época en la que a fuerza de pala y cuartas también de coraje, zafaron de su encajadura los ómnibus de antaño, que sucedieron a la galera precursora. Pero al cabo de 90 años de singular esfuerzo, pervive la decisión, el empeño y el espíritu de servicio, con que fue jalonada tan honrosa trayectoria.